sábado, 13 de abril de 2013

"UNA VIDA DIFICIL"


“Una vida difícil”
Por Aldo Hugo Santoyo Saavedra
Corría el año de 1960 y una pareja se había casado. Ella llamada Rocío, una joven de un aspecto estupendo: delgada, alta, ojos de color verde, un cuerpo envidiable; el esposo, llamado Gabriel, de aspecto robusto, alto, moreno, con una mirada que podía devorar el alma de una persona y la vez cautivarla, un joven dedicado a la carpintería para solventar sus estudios en la normal superior. 
La familia de ella no aceptaba que se hubiera casado con Gabriel, ya que ellos eran acomodados y tenían diversas propiedades, dedicados a la agricultura y la ganadería, personas con pensamientos misóginos, ideas de fanatismo incontrolable sobre la religión católica; mientras que la de Gabriel era una familia pobre, una familia humilde dedicada a la carpintería, conformada de personas que se esforzaban para seguir adelante, pero muy pocos de ellos siguieron los estudios. Gabriel lo había conseguido, después de haber estudiado en la normal superior en Guanajuato,  era maestro pero lo difícil apenas había comenzado, lo habían mandado a una comunidad  lejos de sus hermanos y hermanas, lejos de su ciudad natal, aún más grave, lejos de su nueva familia, separado de su esposa.
Él vivía en Jerécuaro dando clases, haciendo lo que en realidad le apasionaba, pero habiendo pasado unos cuantos meses, la soledad lo agobiaba; este motivo  lo movió a regresar  por su esposa a la comunidad donde ella vivía. Los padres de ella al no estar de acuerdo con esta idea se opusieron, pero esto no fue un obstáculo para ellos. Como pudieron se las arreglaron para ponerse de acuerdo y en una noche de octubre, con una luna con una luz diferente a la de todas las noches anteriores, esa noche el volvió decidido para volver por ella e irse a vivir juntos. Ella sin pensarlo tuvo el valor suficiente para  poder  afrontar a su padre  frente  a frente. Y sin pensarlo se fue de su casa, al irse, su padre enojado no quiso volver a saber nada de ella y mucho menos de él.
Al irse los dos lejos de sus familias y comenzar una nueva, decidieron ir a Guanajuato, pudo haber sido una simple coincidencia o tal vez esa decisión sería algo más, algo predestinado, tal vez en ese momento ellos no pensaban eso. Solo era el simple deseo de estar juntos. Una decisión que cambiaría la vida de muchas personas. Al estar en Guanajuato su vida no era fácil, el dinero que ganaba Gabriel no les era suficiente, ella esperaba en casa a que llegara Gabriel, tenía una rutina típica una mujer que se dedicaba a ser ama de casa, se levantaba muy temprano, preparaba el desayuno, dedicaba mucho tiempo para hacer las tortillas a mano, ya que en esa época no había los aparatos para hacerlas de forma rápida. Después del cansancio que le causaba su rutina, salía a  distraerse, a despejar su mente con la diversidad que presentaba el centro de la ciudad. Podría pasar todo el día ahí, pero su compromiso marital le demandaba regresar a su rutina que para ella casi siempre era aburrida, mientras que a él no le aburría su rutina y prefería estar más tiempo en la escuela enseñando cosas nuevas a los alumnos que en ese tiempo no siempre eran de una misma edad . Se podía encontrar a señores, señoras y algunos cuantos ancianos decididos  tomando clase junto a unos niños de apariencia humilde, escasos recursos, algunos de ellos con un gesto en su cara de tristeza, pero lo que a él le llamaba más la atención era el deseo de todos ellos por aprender algo nuevo, ese mismo deseo que los impulsaría a mejorar su vida.
Un día mientras exponía su clase, el respondió a una pregunta que le había hecho una de sus alumnas más sobresalientes y esmeradas, una pequeña niña con una  mente ágil y una actitud sin igual. Esta pregunta fue: “Profesor ¿Cuál es la mejor motivación?”, el profesor Gabriel se quedó callado por muy poco tiempo y casi sin pensarlo respondió “La necesidad”. Asombrados, sus alumnos, que pensaban que el venía de una familia acomodada. Ante esta reacción el profesor Gabriel no se demoró por contar su historia, pero antes de esto hizo una pregunta a todos los presentes, esta pregunta fue: “¿Enserio quieren saberla?”, los alumnos emocionados contestaron que sí, Gabriel al ver su entusiasmo empezó a contar su historia, la vida que había llevado, los momentos malos y buenos, aunque más malos que buenos, los días que no comía debido a su pobreza, o en aquellos que apenas tenía para alimentarse, las noches que pasaba durmiendo en el piso de su casa, el no tener ropa o juguetes como los otros niños,  esto no tuvo mayor importancia en el, ya que él había aprendido que la vida trataba de eso,  de disfrutar de las cosas tan simples aunque fueran solo por una vez. A lo largo de su vida él supo cómo concentrar todos los sentimientos que guardaba  y así poder enfocarlos en algo bueno y no dejarse llevar por ellos. Los alumnos quedaron boquiabiertos, no esperaban tal historia, algunos de ellos se sintieron identificados debido su situación, un par de niñas comenzó a llorar con tal historia, pero Gabriel estaba seguro que esto le había servido a él y también a ellos ahora que lo escucharon, ese día fue especial para algunos.
Habían pasado unas cuantas semanas, se acercaba el invierno y por consiguiente la primera navidad que esta nueva familia pasaría. Esto alcanzaba para alegrar la actitud de ambos ya que cerca de donde habitaban corrían varios rumores. Estos rumores eran dichos y esparcidos por dos ancianas decrépitas, con una actitud pesimista ante la vida, dos ancianas simples y vulgares, tenían tal bajeza que eran conocidas por todo el vecindario, todos los vecinos estaban enojados por las cosas que circulaban a tal punto que esperaban el día en que estas dos viejas  murieran y dejaran de molestar a cualquier persona que pasara frente a ellas. Esta vez los rumores los habían alcanzado, debido a que en el vecindario en que vivían circulaba el chisme de que Gabriel se perdía en vicios, de que malgastaba su dinero en alcohol, y otras cosas sin sentido alguno. Rocío, al escuchar esto y ser señalada mientras caminaba por una calle, se sintió perpleja, paralizada, no sabía qué hacer, hizo lo primero que se le vino a la mete, así que corrió por varias calles hasta llegar a su casa, al estar su casa solo hizo una cosa, esperar en una silla frente a la puerta  a Gabriel para desmentir los rumores sobre él.  Pasaron varias horas y Gabriel no aparecía en la entrada de su casa, pasó la hora de la cena pero ni la necesidad de comer interrumpió los pensamientos que rondaban su mente sin dejarla descansar, era hora de dormir, su cuerpo suplicaba por estar en la cama descansando, ella siguió esperando, pero después de unas horas más no resistió y cayó rendida ante el cansancio. Cuando llego Gabriel la encontró dormida en la misma silla en que ella estaba esperando, lo único que hizo fue moverla a la cama, la cobijó, le dio un beso en la frente y se retiró, puesto que faltaban pocas horas para que amaneciera y la escuela en la que trabajaba estaba retirada de su hogar, y después fue a seguir con su trabajo, pero aún no entendía por qué Roció estaría en una silla. Mientras viajaba en el autobús que lo llevaría a la comunidad donde se encontraba la escuela, seguía pensando en Rocío, sin saber que varios rumores sobre él eran el pan de cada día de las ancianas de su vecindario y de algunas personas chismosas.
Llegó la mañana y con ello la hora de despertar de Rocío. Cuando despertó no supo cómo llegó a la cama, lo que aún le intrigaba era que no pudo hablar con Gabriel y tampoco sabía si él había venido a su casa,  lo supuso al pensar que él  había llevado a ella a dormir, y también al ver que no estaban sus cosas que usaba para dar clases; su portafolio, los zapatos nuevos, y su camisa preferida. Al ver que no estaban estas cosas su mente tomó control y de nuevo estaba en paz aunque fuera solo por un instante.
Pasaban semanas, día tras día era lo mismo. Rocío ya no soportaba algo más, tenía que saber que pasaba, necesitaba oír una respuesta por parte de Gabriel. Un día al levantarse tomó una  decisión, no aguantaba ni un segundo más con la vida que llevaba, la burla por sus vecinos le carcomía en sus entrañas, sus ojos ya podían derramar más lágrimas, su mente se perdía entre pensamientos de soledad, tristeza y ansiedad, solo había una solución para ella, necesitaba  hablar con Gabriel. Ese mismo día pasó algo atípico para ella, por fin él se había aparecido frente a ella, cuando ella lo vio a los ojos sus ojos no aguantaron más, sus lágrimas corrían con tal facilidad, su cuerpo temblaba, no había necesidad de que su boca se abriera, de que se pronunciaran las mismas preguntas que Gabriel esperaba. Ante esto él no pudo hacer nada, sentía un vacío y la vez quería dar una razón la cual no había, su mente lo engañó y no tuvo otra opción más que aceptar todos los rumores, ella solo dijo una cosa antes de tomar sus cosas e irse, la única palabra que dijo fue: ¿por qué?, él no supo que decir, no tenía preparado ningún absurdo pretexto con el cual convenciera a  ella para tener una razón más para quedarse, sólo bajó la cabeza y ella se retiró por la puerta.  Por esa misma puerta en el que él esperaba a Rocío cada día después de regresar de su trabajo, su conciencia acababa con él, el rencor y remordimiento propio lo volcaron a llevarse a una depresión sustentada en vicios. Pasaron semanas y su vida era peor, vivía en la miseria, mientras tanto Rocío estaba viviendo con su familia, su padre burlón no la quería más en su casa, la trataba peor de lo que se trataba a un animal, la alimentaba miserablemente. Ella sólo soportó ese trato por una semana, decidió irse de nuevo a Guanajuato, sin saber qué situación vivía Gabriel y ante el pésimo trato de su padre y la humillación, se dirigió a tomar un camión con dirección a Guanajuato, pasaron unas horas y ella se encontraba en la ciudad que la calmaba,  con personas que la afectaban y otras que la querían y admiraban. Caminó hasta la que era su casa, un humilde hogar, cuando llegó vio la puerta abierta y encontró a Gabriel en el peor estado que lo podía haber hallado, lo ayudó y lo llevó hacia al hospital más cercano, su vida corría peligro, después de ser atendido su vida aún corría peligro, y a Rocío solo le quedaba más que esperar a que Gabriel despertara de ese sueño profundo en el que se encontraba sumergido. Día tras día Rocío lo visitaba para ver cómo se encontraba y no daba signos de mejoría, después de un mes por fin volvió a estar en estado consiente, él no sabía porqué se encontraba en ese lugar, estaba alterado, roció al oír sus gritos entro a la habitación en la que estaba, él al verla tuvo un minuto de  calma pero no sabía qué hacer, ya que se sentía decepcionado por su comportamiento. Esa misma noche él le prometió que jamás volvería a volver a los vicios, que cambiaría por ella.
Paso un año, un año que fue largo para los dos, las cosas no pintaba de la mejor manera ya que pareciera que no hubo tal cambio prometido, esto hizo que Rocío se sintiera impotente. Mientras tanto Gabriel pudo volver a su trabajo, pero las cosas se habían complicado debido a que lo cambiaron de escuela y ahora su vida con Rocío tendría más complicación, ya que dicha escuela nueva no se encontraba en la ciudad y ahora tendría que viajar una comunidad más alejada. Ella al saber esto no tuvo más opción que aceptarlo. El primer mes fue bastante difícil para los dos, más para Gabriel ya que los viajes eran largos, al llegar a la comunidad preguntó por dicha escuela, al saber dónde se encontraba se dirigió a ella y al caminar se dio cuenta de que las personas eran bastante humildes, era tal la pobreza de ese lugar, que muchos estaban graves de salud y muchos otros sin un lugar en donde pasar la noche. Después de un mes se hizo de varios amigos y de conocidos, el hecho de enseñar a los hijos de todas esas personas era un honor para él.
Un día una mujer se acercó a él, era una señora de aspecto demasiado humilde, no se veía por qué una joven como ella hablaría con él, ella duró unas hablando con él, sorprendido, se fue del lugar y volvió a casa, llego con Rocío y le hablo de algo que le había sucedido. Rocío quedo impactada con tal información  Así que él le pidió que le acompañara en su siguiente visita a la comunidad. Al llegar los dos a la comunidad buscaron a dicha señorita en el lugar que ella le había dicho a Gabriel, ahí se vieron y ella tapada con un rebozo ocultaba algo, algo que no todas las personas se atreverían a cuidar, así es era un pobre e inocente bebé, no lo dudaron y captaron la propuesta de la señorita, ya que ella ya no podía cuidarlo, el bebé de unos días de nacido no sabía lo que ocurría, pero su madre sabía que su vida sería mejor con ellos. Gabriel y Rocío no sabían qué decir, estos ahora sus nuevos padres tenían que superar un nuevo obstáculo para poder dar a un joven otra nueva oportunidad en este mundo.


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